Dr. José Luis García Zozaya “Siervo bueno y fiel”

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Lo conocí una tarde en su consultorio de la clínica La Viña donde fui referido por un gran amigo el Dr. Alberto Cabrera, de eso hace ya 15 años, recuerdo mi nerviosismo mientras esperaba mi turno para ser atendido por aquel médico que nunca había visto pero del cual tenia muy buenas referencias tanto de familiares como de amigos. Una vez que su secretaria me hizo pasar me encontré con un señor de cabellos muy blancos sentado en su escritorio y a un lado estaba una especie de biblioteca donde destacaba una pequeña figura del Dr. José Gregorio Hernández. Todo el nerviosismo que momentos antes sentía desapareció de inmediato cuando estreché su mano, no voy a decir que el solo hecho de estrechar la mano de aquel Doctor hizo algún tipo de embrujo en mi persona que logró que mis nervios “desaparecieran” no, pero aquel personaje para los que no lo conocieron transmitía tanta calma y serenidad que los que si lo conocieron pueden dar fe de ello, lo cierto fue que desde aquel momento toda mi confianza de paciente la puse en las manos del Dr. José Luís García Zozaya. Pasado el tiempo y yo estando recluido en la clínica la Viña, me visitó en mi habitación pero esta vez fue para presentarme a su hijo el Dr. Agustín García Sanz, recuerdo me dijo que estaba algo quebrantado de salud y que su hijo se encargaría de su consulta. Esa fue la última vez que vi a este gran hombre. El tiempo pasó y un buen día llego lo que inexorablemente tenia que llegar: “La Diálisis” inmediatamente vino a mi mente el Dr. García Zozaya y su hijo el Dr. Agustín, todos los “consejos” que me dieron y que nunca seguí me retumbaban en la mente pero ya era tarde. Luego de tres años y medio en diálisis Dios me dio una segunda oportunidad de vida y logré trasplantarme. Ya un poco mas calmado después de pasar esos años que fueron siglos para mí, una noche vino a mi memoria aquel Doctor que siempre me trasmitía fe y esperanza y me senté en mi computadora y en el buscador coloque su nombre “Dr. José Luís García Zozaya” y adivinen que? Solo aparecieron 4 artículos sobre ese ilustre médico que fue el fundador del Servicio de Nefrología en Carabobo, que fue el fundador de la primera unidad de diálisis en Carabobo, que bajo su coordinación se hizo el primer trasplante renal  en Carabobo en el año 1982, como dirían los “chamos” de ahora…Que tal?. Dado que este 20 de marzo se cumplen 9 años de la desaparición física de este notable médico y sabiendo de sus luchas contra el terrible mal que son la enfermedades renales,  quise rendirle un pequeño homenaje y así cuando en el futuro alguna persona coloque su nombre en el buscador de Internet “aparezca” este modesto articulo. Como no soy buen escritor no pude extenderme en el homenaje pero por casualidad entre los cuatro artículos donde aparece el doctor García está uno escrito nada más y nada menos que por su señora esposa y quien mas que ella para expresar quien era el Dr. García Zozaya es por eso que me tomé la libertad de transcribir ese maravilloso escrito que dice todo lo que yo no pude decir aquí.

Difícil  para mí escribir sobre alguien a quien quiero tanto y a quien extraño cada día; pero el recuerdo de su vida ejemplar y de su muerte santa, no sólo ha sido mi consuelo, sino que, me llena de gozo, en la esperanza cierta de que estará disfrutando de la paz y la felicidad de la vida eterna.

 

     José Luis fue un esposo y padre excelente: tierno, cariñoso, comprensivo, bondadoso; siempre dispuesto a las bromas y chistes con unos y otros, cosa que ayuda a mantener la paz y la unión en el ambiente hogareño.

 

     Indudablemente que esa formación la recibió en la casa de sus padres: Don Luis Alejandro García Borges y Doña Elena Zozaya Sánchez, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos, siendo él, el mayor; nació en Valencia el 28 de Mayo de 1.929.

 

     Venía de familias conocidas y apreciadas en esta ciudad, pero su infancia fue muy modesta, con escasos ingresos y las consecuentes privaciones. Fue un buen hijo, que quiso mucho a sus padres; y pasó por el gran dolor de perder a su mamá a los 17 años. Su papá y sus hermanos se apoyaron y contaron siempre con él en todas las circunstancias,  por gratas e ingratas que fueran.

     Desde niño fue aplicado y responsable en sus estudios; cursó primaria y bachillerato en el colegio La Salle y se graduó de bachiller en el Liceo Pedro Gual (en el colegio no existía aún el 5º año). Se fue a Caracas, viviendo en casa de sus tíos maternos, para estudiar medicina en la Universidad Central de Venezuela; pero luego de aprobar el  4º año, la universidad fue cerrada y tuvo que irse a España para terminar sus estudios en la Universidad Central de Madrid ( hoy Universidad Complutense).

 

     Al regresar y revalidar su título como Médico Cirujano, entró a trabajar en la compañía  petrolera “Creole”. Estuvo en Maracaibo  y en el Campo de Tía Juana; después lo cambiaron a Falcón. Para entonces nos casamos, el 5 de Marzo de 1.955, siendo nuestro primer hogar de casados en el Campo de Cumarebo; luego vivimos en Amuay, también en Falcón, en la península de Paraguaná.

     Después vino la oportunidad de que fue seleccionado para participar en el 1er Curso de Medicina Interna organizado en el país, por la Universidad Central de Venezuela – Tuvo magníficos profesores y se graduó de Médico Internista con altas calificaciones.

 

     Luego de dos años en Caracas, nos tocó vivir en Caripito, estado Monagas… de este lugar conservamos gratísimos recuerdos, pues fue viviendo allí cuando nos invitaron a Cursillos. El lo hizo  a mediados de 1.962, en Maturín, pero yo tuve que esperar que naciera nuestro cuarto hijo, así que pude realizarlo en febrero de 1.963. Como cursillistas de allá, colaboramos con nuestro Párroco y también con el Movimiento de Cursillos… José Luis fue “auxiliar” en Maturín,  dimos charlas en Ultreyas… y aún recuerdo cuán gratas eran las “reuniones de equipo”… Gracias a Dios, en todos los sitios donde vivimos  tuvimos buenos amigos y fuimos muy felices!

     Cuando José Luis renunció a las petroleras en 1.964, regresamos a Valencia… ya veníamos  con 4 hijos: Luis Alejandro, Maria Elena, José Luis y Agustín, nacidos en diferentes lugares del país, pero todos recibidos con mucha alegría y amor, pues éramos conscientes de que los hijos son un regalo de Dios.

     En Valencia nos integramos inmediatamente al MCC, y el recordado Padre Ángel Jiménez fue nuestro director espiritual. Nunca tendremos como agradecer su guía, su ayuda, sus consejos y orientación para todo.

     Para principios de 1.967, José Luis decidió ir a estudiar Nefrología en México, con beca de la Universidad de Carabobo, de la cual era profesor de Pre-Grado en Clínica Médica (a mí me cayó mal esta decisión, porque ya estaba cansada de tantas mudanzas y “vida errante”). Fue un gran acierto, porque aquí no existía esa especialidad y eran muchos los enfermos renales que morían. Pasamos allá una temporada muy bonita, inolvidable- Al poco tiempo de regresar nació nuestra hija menor: Guadalupe; su papá quiso que llevara el nombre de la Virgen Mexicana.

     Aquí en Valencia, fundó el “Servicio de Nefrología” en el Hospital Central, integrando un gran equipo de especialistas; ardua fue su lucha hasta lograr que se realizaran  los transplantes renales, que tantas vidas han salvado, y entre otros importantes logros en pro de sus enfermos, está la fundación del Post-Grado Universitario de Nefrología, semillero de buenos Nefrólogos esparcidos por todo el país.

     En la Universidad de Carabobo se graduó de Doctor en Ciencias Médicas, y después alcanzó el máximo escalafón universitario: “Profesor Titular”. También, ingresó a la “Academia Nacional de Medicina” como “Miembro correspondiente por el Estado Carabobo”.

     José Luis, se distinguió como buen profesional: inteligente, preparado, responsable, dedicado a atender  y a ayudar a sus pacientes; siempre con la mayor abnegación y bondad. En todos los lugares donde prestó sus servicios fue lo mismo, sin distinguir entre pobres o ricos, ni en diferencias sociales, culturales, políticas o religiosas; y sobretodo, dejando un mensaje de esperanza cristiana, sembrando la fe y la confianza en Dios – “Hoy la consulta fue mas bien una dirección espiritual…la gente necesita que se le escuche”, me comentó muchas veces.

     Nunca cobró honorarios a los pobres, ni a sacerdotes o religiosas, solo les decía sonriendo: “Págueme con oraciones por mi familia”.

     Estuvimos activos en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad por muchos años y fuimos Vocales de Piedad del Secretariado Diocesano. A pesar de estar tan recargado de trabajo con los enfermos y problemas del hospital y de la consulta privada; siempre estuvo dispuesto a colaborar con los Cursillos…en más de una ocasión me llamó por teléfono desde el consultorio: “Prepárame la maleta que falló el Rector y llévala allá, que yo me voy directamente”.

     Su vida la compartió entre la familia, los enfermos, los Cursillos y la investigación científica, de la cual era un apasionado. Hizo muchos trabajos científicos que se publicaron dentro y fuera del país.

     Recibió condecoraciones y reconocimientos, pero el más satisfactorio fue la Condecoración Pontificia: “Comendador de la Orden de San Gregorio Magno”.

     Recuerdo que el Padre Cesáreo Gil dijo una vez: “Los cristianos deben procurar prestigiarse, no por vanidad, sino para prestigiar la Iglesia” y creo sinceramente que eso hizo José Luis, sus éxitos y logros nunca lo envanecieron, siempre fue humilde y sencillo. Sé que no fue perfecto, nadie lo es;  quizá su defecto principal fue confiar demasiado en la buena fe de los demás  y esto, le trajo disgustos, desencantos y problemas en su ambiente de trabajo  eso por aquello  de que  “cada ladrón juzga por su condición” y él era incapaz de engaños, injusticias o mala intención…

     Íbamos a  misa diariamente y siempre me decía: “Si no fuera por la comunión diaria, yo me habría vuelto loco con tantos problemas”; también en su lecho de enfermo tuvo la dicha de recibir Nuestro Señor diariamente, por eso tuvo tanta paz y serenidad. Su enfermedad la sobrellevó con gran entereza y valor, le mortificaba  pensar  que nos causaba ese sufrimiento; rezaba y ofrecía todo lo desagradable que estaba viviendo por cada uno de nosotros sus seres queridos, por los Cursillos, por la Iglesia, etc…

     Nuestros cinco hijos nos acompañaron constantemente, día y noche rodeando a su papá de cariño y atenciones; lo mismo los hijos políticos, nietos, hermanos, cuñados, sobrinos…todos, se hacían presente, dispuestos a cooperar en todo.

            Un día José Luis me comentó que se admiraba de ser objeto de tantas manifestaciones de cariño y que debíamos rezar por todos los que rezaban por nosotros; yo le contesté: “Estás cosechando lo que sembraste, tú siempre has dado cariño, apoyo y ayuda a todo el mundo”.

     Hablábamos mucho de “la otra vida”, a veces en broma otras seriamente: Lo alegre que será el encuentro con los seres queridos que se nos han ido, poder conocer nuestro Ángel de la Guarda, ver a la Virgen Santísima, estar frente a Cristo “cara a cara”, en fin, soñábamos juntos…

     Ya al final, sí me contestó una vez, cuando le comenté que pensara que, pronto estaría con Dios: “No, Dios ya está conmigo”.

 Murió serenamente el 20 de Marzo de 2.002; en su lápida se lee:

José Luis García Zozaya, “Siervo bueno y fiel”

 

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